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EL CUADRO

Estaba totalmente arrepentido del asesinato de su esposa, aún no se había celebrado el juicio, pero en sus días de prisión preventiva y sin fianza, le había dado muchas vueltas a la cabeza sobre su pecado. Le había quitado la vida a una persona, a su mujer, la madre de su hija, y aún no sabía el por que de sus actos, hubo un tiempo en que la amaba, entonces, por qué de llegar a esto. Por qué no aceptó la petición de ella del divorcio, pero no, él se fue por la vía fácil, la apuñaló a traición, por la espalda, sin que ella pudiera defenderse.




Los días pasaban y no tenía la visita de ningún familiar, ni sus hermanos, ni su padre, y lo más extraño su madre tampoco lo visitó, él no comprendía, el por que no lo perdonaban. Había confesado su pecado al juez, pero no había pedido el perdón de Dios.



No dormía tranquilo, y tenía pesadillas por las noches, lo visitaban sus fantasmas, y se despertaba temblando entre sudores. No tenía ninguna clase de relación con los demás presos, era un ser solitario y despreciable.



Su asombro llegó a la culminación, el día que recibió una carta sin remitente. Quién se acordaba ahora de los regalos, celebraciones, y cumpleaños; pero alguien en el anonimato, le envió una, quizás fuera de su familia, o de la familia de ella, o tal vez de un amigo. Se dispuso rápidamente a abrirla, sin apenas reparar de que se trataba de una cartulina.



Un vez que la tuvo en la mano, pudo observar que era la litografía o postal de un cuadro, quién sería el pintor, no lo sabía, ni tampoco el nombre del macabro dibujo.



Era como si el comunicante que se la envió, quisiera decirle algo a través de aquel poster, un mensaje de castigo.



No entendía mucho de arte, pero observó: el pecado, la muerte, el juicio final y el infierno.



La representación más terrorífica y tenebrosa, pintada con una tétrica tonalidad rojiza y oscura, una cárcel de tormento y aflicción. Al fondo, la visión del fuego eterno, simbolizado por los cuatro elementos: La aldea es la tierra, el río caótico el agua, el molino de viento con las aspas luminosas el aire, y el volcán el fuego.



A partir de aquel día trataba de conciliar el sueño contemplando ese cuadro pegado a la pared de su celda.



Lo peor del Infierno es que en él de nada sirve el arrepentimiento, que una vez en él ya no cabe esperanza posible. Por eso la salvación es el fin último de la vida humana, lo que le da sentido. Así parecía expresarlo el cuadro.



ANGORA








Ilustración: “El Infierno Musical” (El Bosco)



Historia: Basada en hechos reales. (Angora)



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Comentarios

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