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LA LAVANDERÍA

Es lunes no tengo ropa limpia para ponerme, debo de ir a la lavandería sin falta, la de siempre está cerrada y debo de desplazarme en coche unas cuantas manzanas más lejos de lo habitual. También parece estar cerrada es muy raro, porque no es un día festivo.




Las calles están atestadas de coches, que no cesan de tocar el claxon, y los peatones de a pie, todos llevan mucha prisa, sin detenerse a mirar en los escaparates de los comercios de la zona. Dejo aparcado mi coche y decido acercarme andando hasta el siguiente cruce de calles, si muevo ahora el vehículo, seguro me quedo sin sito donde estacionar.



Parece que he tenido suerte, un poco más alante hay un rótulo que pone Lavandería Industrial. Voy a ir hasta allí y preguntar si es pública o para empresas solamente. Me atiende una muchacha joven, y me explica, que si la puedo utilizar, para lavar mi ropa, aunque las máquinas sean grandes, son así, porque en la zona hay muchos restaurantes y hoteles que llevan allí sus manteles y las sábanas de las habitaciones a limpiar. No hay nadie más en el local, solamente ella y yo. Es muy alta y delgada, la bata de trabajo le hace una figura muy espigada, es muy morena y su maquillaje un poco tétrico, debe de ser gótica, su pelo moreno lo lleva peinado con un moño alto, seguro que es solo para el trabajo, sus uñas las lleva pintadas de negro y los labios carnosos pintados demasiado oscuros, al igual que la sombra de sus ojos de iris verdes, lo cual le resaltan más.



Después de comentarle, que la cesta con la ropa sucia, la he dejado en mi coche, que me tenía que acercar a por ella y enseguida volvería, me dice, que su turno terminará en cinco minutos, que a mi regreso, en el mostrador estará su compañero, pero que no me preocupe, ella le dejará una nota para que me deje lavar mi ropa sin problema, que ya habíamos hablado entre nosotras antes y tenía su permiso para hacerlo.



No me paré a pensar en lo raro de la nota, si ella termina su turno, lo normal es que el otro trabajador llegue antes de marcharse ella, y poder hablarlo entre ellos sin necesidad de tener que escribir nada. Ahora ya no importaba eso, yo iba de camino con mi ropa sucia hacia el local, y me daba igual quien me atendiera, por fin iba a tener mi ropa limpia dentro de un par de horas como máximo. Pero al entrar en el establecimiento, no hay nadie detrás del mostrador, ¡qué extraño!



■Hola, ¿hay alguien por aquí?

Nadie me contesta a mi saludo y lo intento de nuevo, pero obtengo la misma respuesta: silencio y el ruido de las máquinas en funcionamiento.



La chica que me atendió antes, cuyo nombre no le llegue a preguntar, estaba claro que no me la iba a encontrar en su puesto de trabajo, pero esto de no haber nadie era más raro aún que lo de la nota. ¡Claro la nota!, si la llegó a escribir debe de tenerla por aquí, cerca del teléfono o de los cuadernos de caja y visitas de clientes. Estiro mi cuello, con la intención de ver más allá de la caja registradora, pero nada, levanto unos papeles con mi mano derecha, pero tampoco encuentro nada, miro un poco entre los cajones por si tiene uno de esos papelitos de colores que se pegan cuando quieres dejar algo apuntado, pero mi decepción es tal, que me preparo para salir del local, yo no se poner en marcha una lavadora industrial y en la visita anterior no me lo explicaron, ahora me dispongo a salir con mi ropa sin poder lavarla, cuando noto un golpe seco en mi cabeza…



¿Qué es lo que ha ocurrido?, ¿dónde estoy?, ¿y todo este liquido? Acaso soy un feto dentro de la placenta materna. Veo una luz, pero no termino de abrir mis ojos, me ciega la claridad que hay a este lado. Me encuentro muy débil, y tengo la ropa puesta manchada de sangre, pero no encuentro mis heridas.



¿Quién son esas personas que se acercan? Van vestidas de negro, me miran muy raro, parece que estuvieran mirando al televisor.



Aquí hay un cristal que los separa de mi, pero ¿qué es esto? ¡oh no! Estoy dentro de la lavadora.



Por favor no la pongan en marcha, dejarme salir…



Fdo.- Angora







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